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domingo, 9 de febrero de 2014

LA MIERDA



  


                                                     "La nada nadea"

                                                    Martin  Heidegger

Aquella noche era especialmente fría. El invierno, se iniciaba en la intención de ser despiadado por aquellos últimos días. Caminaba por las calles, abastraído, ensimismado, sin rumbo fijo. Muchas cosas inundaban mi cabeza, cuando comenzó a llover. Caía una lluvia fina, pero que no cejaba en el empeño de calarme de forma concienzuda; primero, el pelo, que chorreaba goterones hacia la cara después, obligándome a cerrar la boca; y por último, la ropa, cuya humedad aliada con el molesto aire que empezaba a levantarse, comenzó a entumecerme, a helarme hasta los huesos.

Ladeando la cabeza, y casi tiritando, trataba de vencer la resistencica de un aire cada vez más molesto, impregnado de numerosas gotitas de agua. Demorando de forma momentánea mi empeño de vagar por las calles, busqué un refugio. Con gran esfuerzo, conseguí abrir los ojos de forma desmesurada, oteé el lugar desesperadamente, y me llamaron la atención las luces del local. Probablemente; resultaba premonitorio que el garito se llamase "La mierda", y en distinto color y letras de un menor tamaño se pudiese leer Pub. Por lo que en aquel momento nada me pareció más acertado que pensar, no sin cierto sarcasmo, que sin duda, aquella tarde iba a terminar en "LA MIERDA".

Abrí la puerta con esfuerzo, con ganas, pero pensando en otra cosa.Tenía tantas cosas en la cabeza. Cerré tras de mí, y al momento, a la vez que notaba el calor que desprendía el local, pude apreciar cierto olor nauseabundo, un tufillo ligero, pero constante. Cuando me volví encarando el interior de la estancia, pude comprobar que  todo estaba allí, todos los símbolos que en momentos trascendentales habían conformado mi vida. Mi reciente destrozada vida. En un lateral estaba mi jefe, con su asquerosa sonrisa y, posiblemente, el mismo Greenore de 15 años que tomaba algunas noches de viernes, cuando nos acompañaba en alguna reunión de compañeros de trabajo antes de acudir a casa, para descansar durante el fin de semana. A veces teníamos incluso que invitarle, siendo su consumición igual de cara que la suma de la del resto de compañeros. Se le dibujó su sonrisa estúpida de siempre, al verme aparecer. No pude evitar qua acudiesen a mi cabeza conversaciones de hacía algún tiempo.

_ Verá Javier, sabe que últimamente tenemos problemas, debemos realizar una remodelación de plantilla - su expresión trascendente, cambió, luciendo una, casi, radiante sonrisa - y en esta ocasión... bueno, siento decirle que debemos prescindir de sus servicios. Ni que decir tiene que será indemnizado con lo que le corresponda según la ley vigente.
_ Pero qué me está contando. Si precisamente hace apenas un mes que acaba de contratar a tres chavales jóvenes.
_ Sí, como sabe son tiempos en los que se debe apostar por la juventud y la flexibilidad, sobre todo salarial.
_ ¿Flexibilidad?, llevo ampliando mi jornada laboral y rebajando mi sueldo, desde hace casi cuatro años...

Allí estaba, justo lo tenía de frente, al otro lado del mostrador de la ovalada barra central, conversando con el camarero, al que justo en ese momento le pedía un Hibiki de 21 años. Me sonrió, levantó el puño de la mano derecha con el pulgar hacia arriba y después continuó su diálogo con el camarero. Como un triunfador. Como quien se sabe impune dentro de un sistema basado en un clientelismo político, que se sostiene gracias a una serie de cadena de favores interesadas. Un hoy por ti mañana por mí, no te preocupes, no va a pasar nada.

_ Nada, no os preocupéis. Una pareja joven como vosotros, es lo que honra a un banco a la hora de conceder créditos, porque es invertir en futuro. Un futuro en común. Dos titulados...tenéis grandes perspectivas de prosperar en la vida, por eso os ruego que no os quedéis cortos a la hora de pedir. Sois clase media y debéis empezar a vivir como tal. Hacedme caso, pedid 30.000 euros más, para un coche, un viaje, o para lo que os dé la gana.
_ No sé si realmente necesitamos tanto dinero, al menos de momento.
_ Hacedme caso, invertir en un inmueble es una buena inversión. El valor siempre sube, nunca baja...

Por enésima vez, de nuevo y de forma machacona, comencé a revivir todo en mi cabeza.

Éramos jóvenes, atractivos, inteligentes, nos queríamos y éramos felices. La pareja casi perfecta. Lo teníamos casi todo, lo único que nos faltaba era dinero. Deseábamos estar siempre juntos, por lo que no le di mayores vueltas, y tras acabar mi licenciatura en informática, busqué trabajo. Todo el mundo nos hablaba de la proyección de futuro que teníamos, y sin darle mayor importancia, empecé como comercial en una empresa mayorista de viajes, siempre pensando que más adelante saldría algo mejor, algo de lo mío y con más nómina. A los pocos meses me ascendieron, y fue cuando nos decidimos a dar el paso, tener un piso en propiedad. Yo ganaba algo más de dinero, además tenía incentivos por ventas, y también estaba el aliciente de que algún día Alicia ganaría plaza pública en el ayuntamiento.

Eso era antes de que nos estallase la crisis del sistema en la cara. Después; no sólo no prosperaba en el trabajo, sino que no encontraba nada mejor y ahora con la hipoteca del piso sí que necesitábamos el dinero, no podía dejar de trabajar para buscar otra cosa. Alicia, a pesar de presentarse a las cada vez más reducidas convocatorias, nunca conseguía ser de las primeras, siempre se quedaba a puertas de conseguir uno de los cada vez más más difíciles puestos de funcionaria. Aunque nos gustaba la idea de tener niños, no nos podíamos permitir los gastos que suponen y íbamos posponiendo siempre el momento de tenerlos.

Si antes de la crisis, ya estábamos económicamente estancados, a partir de ella, todo comenzó a ir mucho peor. El trabajo comenzó a escasear, Alicia buscaba trabajo, no ya de funcionaria, sino de lo que fuese, y nada encontraba. En la agencia tenía que trabajar cada vez más horas, asumiendo mayor responsabilidad y por menos dinero. Veía como despedían a los compañeros a mi alrededor. Hasta que ocurrió lo que se veía venir. Primero; fue el retraso de unos días en el cobro de una nómina; pero tras unos meses, los retrasos en el cobro eran normales. Entonces, cuando la situación en la empresa parecía que se había estabilizado, a base de renunciar a los mínimos derechos que tenía como trabajador, ya que hacía unas semanas que acababan de contratar a cinco chavales en pruebas, en ese momento, fue cuando me despidieron.

Mientras observaba la sala rememoraba una tras otra, en mi cabeza, pequeños fragmentos de conversaciones que en su momento me marcaron.
Al otro lado del espacio reservado para camareros, podía ver claramente a los abogados laboralistas a los que acudí cuando me comunicaron que iba a ser despedido. Pertenecían a los dos grandes sindicatos de clase de nuestro país. No me sentía satisfecho con las formas de mi despido y quería plantar batalla. Acudí a los dos, porque no me quedé conforme con la solución a la que me instaban en el primero.  Tanto en UGT como en CCOO, la solución que me aconsejaban era desoladora. Al parecer, debía darme por vencido, antes de empezar a luchar.

_ Es que si es una empresa pequeña le aconsejo que coja lo que le ofrecen. Intente llegar a un acuerdo, pero si le ofrecen la indemnización que le corresponde por ley, dadas las circunstancias, no está mal.
_ Oiga, pero qué circunstancias. Si le acabo de decir que no estoy de acuerdo, que llevo casi 8 años en la empresa y que han ido precarizando mi relación con la misma, buscando que me vaya, y en vistas de que sigo aguantando, me ofrecen las cuatro perras que es la legalidad vigente, para deshacerse de mí.
_ Mi consejo es que acepte lo que le ofrezcan, es lo más sensato.
_ Quiero plantar batalla, por eso estoy aquí. No sé si me entiende...

Éramos una empresa pequeña, que conste que empleo tiempo pasado porque ya no formo parte de ella, ya que de hecho la empresa, hoy, sigue funcionando como tal. Cuando empecé a trabajar, al firmar el contrato, me hicieron renunciar a la representación sindical, aún así, yo plasmé en dicho contrato un "No Conforme", que me asesoré era legal antes de firmar. Pero no me sirvió absolutamente de nada. Es lo que tiene pertenecer al bando de los perdedores, que al correr de los años, han ido asumiendo la resignación que supone el ni siquiera tratar de plantar batalla.

_ Quiero abrir con este talón una cuenta, y que todos los primeros de mes me transfieran esta cantidad a esta otra cuenta a nombre de mi mujer y mío en concepto de "pago nómina".
_ ¿Alguna cosa más?, tenemos una serie de productos de inversión de toda confianza, con una rentabilidad competitiva.

Con las cuatro perras que me dieron por el despido, abrí una cuenta a espaldas de Alicia, eso y el ingreso en la misma cuenta de las  prestaciones por desempleo, contribuirían a mantener la farsa, al menos durante algún tiempo. Todavía era tan ingenuo como para creer que encontraría trabajo. Todavía era tan inocente como para creer que la tragedia que me rodeaba, era algo que vivían los demás, quizás, por su mala cabeza, pero que me era completamente ajena a mí y Alicia, porque hubo un día en el que todo el mundo nos aseguraba que éramos una pareja con mucha proyección de futuro.

Me quedé petrificado cuando vi un corrillo en plena disposición ociosa, que brindaba sin ningún tipo de reparo con una entonación sonora y al unísono: "POR LA CRISIS Y QUE EL AÑO QUE VIENE SIGAMOS IGUAL". Procuré enfocar uno por uno los miembros que componían el grupo y pude comprobar que todos eran altos directivos del sector bancario. Pero lo que ya me dejó perplejo, es que, aunque aparte, pero justo al lado, se encontraba mi amigo de la infancia: Francisco. Paco; era esa típica persona que se dice apolítica que, curiosamente, cuando profundizas conversando en su ideología, acabas descubriendo que son de derechas, retrógados, conservadores y votantes aférrimos del PP, que además en cuanto se quedan sin argumentos en una discusión, no dudan en hacer apología del franquismos. Un "apolítico español" en toda regla, vaya.

_ Tú lo que tienes que hacer es dejarte de tanto sindicato, y de tanto reclamar tus derechos. Hazme caso, es una perdida de tiempo.
_ ¡Joder, Paco!. A veces me cuesta creer que te hayas criado en el barrio y que tu padre fuese peón de albañil. 
_ Que todo eso de los derechos de los trabajadores es un invento de vagos que no quieren trabajar. La izquierda y la derecha es igual, todos quieren chupar del bote, como los sindicatos. Los que crean empleo, se arriesgan , y dan la cara para levantar este país, son los empresarios, por eso hay que cuidarlos.

No sólo ocultaba la situación a mi compañera, lo más grave era que me engañaba a mí mismo y lo peor de todo es que lo hacía por puro interés. Pero el tiempo se me acababa y no encontraba trabajo, al menos uno con una remuneración suficiente para poder vivir. A pesar de que varios conocidos, uno fontanero y otro ebanista, me avisaban para que les ayudara, trabajos esporádicos y mal remunerados, que realizaba a espaldas de la seguridad social.

A pesar de recortar de lo poco que pudiese ser recortable, no ha sido suficiente. El engaño apenas si ha durado ocho meses. Es lo que tiene la mala costumbre, adquirida en los últimos tiempos por las familias de origen obrero: la obstinación en querer comer todos los días. Esta mañana, sin que se entere Alicia, he revisado el correo, y me he encontrado el preaviso de desahucio, y he descubierto que ya no soy capaz de más engaños. Por más vueltas que le doy, no encuentro una solución. La historia, va más alla de lo que es un engaño. He jugado y he perdido. El contarle a mi pareja lo que la he estado ocultando durante meses, ya, no aporta ninguna solución, al menos para el problema que hoy, nunca mejor dicho, nos embarga.

El caso es que de una manera o de otra, por un cúmulo de cosas, había sido arrastrado a una situación insostenible. Me veía abatido, absorbido por el despropósito y vencido por la mentira. En un vistazo general al pub, me pareció un lugar apacible y tranquilo, a pesar de toda la podredumbre que contenía en su interior. Sentado en una mesa, al fondo, conversando con álguien a quien no era capaz de distinguir, pude ver a mi cuñado el progre. Recordando sus consejos, palabras a las que me aferraba cuando comenzó todo esto, comenzaron a entrarme náuseas.

_ Estoy seguro de que todo esto pasará, debemos tener paciencia.
_ Me parece que lo que nos sobra es precisamente paciencia, y que como no defendamos ya nuestros derechos, dentro de poco no habrá nada que defender.
_ ¡Tenemos que esperar!
_ Esperar; ¿exactamente, qué?
_ Esperar a que vuelva a gobernar el PSOE en España.
_ ¡Qué fuerte!. Entonces según tú no tenemos que hacer nada. Ni protestar, ni salir a la calle ni nada.
_ Salir a la calle sí, para que vean el descontento con el Gobierno.
_ Entonces, lo que me dices es que tenemos que salir a la calle, pero sin romper nada, esperando a que vuelva el PSOE, para que todo vuelva a ser como antes...

Contrariado por la situación, desboradado y agobiado, giré la cabeza hacia la derecha y encima de una mesa cercana, pude ver en un periódico, quizás olvidado, la foto del presidente del gobierno y algún miembro de su gabinete. En el titular, el Sr. Rajoy afirmaba: "2014, el año de la recuperación". No pude contener la arcada, poniendo el periódico, parte de la mesa, una de las sillas y el suelo, perdido de vómito.
Al recobrarme, todavía un tanto extenuado, percibí que gran parte de los clientes me miraban. No me pude contener y exclamé lo más alto que pude: "¡Es lo que tiene adentrarse y permanecer en la mierda, que antes o después se acaba vomitando!". La frase fue bien acogida, arrancando alguna sonrisa de los presentes.
 

lunes, 23 de diciembre de 2013

MONSTRUO II


   
       

                  "El dinero no es nada, pero mucho dinero, eso ya es otra cosa"                      

                                                George Bernard Shaw

Estaba abatido en el salón, sentado en su sillón favorito, cuando la criada abrió la puerta. Al rato, apareció acompañando al doctor, que sonriente, se fue hacia él para darle un abrazo de forma efusiva, al que Emilio correspondió con cierta apatía.
_ A ver cómo está ese enfermo, - dijo el doctor, mientras sacaba algunos instrumentos de su maletín - ¿qué tal, cómo te encuentras? - le preguntó, mientras se disponía a auscultar el torax, abdomen y espalda de Emilio.
_ He estado mejor Pedro, he estado mejor. Ya me ve. - le respondió mientras, el estetoscopio recorría la poblada pelambre de su cuerpo -
Tras un reconocimiento exhaustivo a nivel general, Emilio le preguntó al doctor cómo le encontraba.
_ Nada, estás hecho un roble. No tienes nada que no pueda enmendar unos merecidos días de descanso.
 _ Pedro, me ha visto nacer. Conoce a mis padres y todos mis hermanos. Míreme atentamente y no me engañe: ¿verdad que me he convertido en un monstruo?.
_ Lleva repitiendo lo mismo toda al mañana - dijo Eli acercándose ligeramente a ellos -
_ A ver muchacho, no te martirices. Son tiempos dífíciles, los negocios, a veces hacen tomar decisiones que no gustan a nadie, estas cosas crean cierto estress y ansiedad. Esta situación puede derivar a algún tipo de depresión, pero creo que estamos a tiempo. Hazme caso, coge a Eli, y daros un par de días de descanso en algún sitio tranquilo. Y me voy porque hoy tengo una mañana muy apretada. Así que si me disculpais...
El médico se despidió del matrimonio y abandonó la finca. Emilio, cada vez comprendía menos la situación, se miraba las manos, se tocaba con ellas su cuerpo cubierto de pelo y no entendía nada.
_ Llama al viejo zorro y dile que no voy al banco, también a la zorra de mi hermanita, Ana Patricia, diles que no me encuentro bien. Ah! también a mi secretaria, que cancele todas las reuniones de hoy. Voy a salir - le dijo resolutivo a Elizabeth - 

Tras enfundarse en el abrigo, una bufanda de lana y un fedora, que le tapaba la cara casi por completo, se dispuso a salir a la calle. Algo no iba bien, al menos desde esa mañana. Cómo podía ser que él se notase y se viese tan distinto de como era, y en cambio, nadie más se percatase de ello. Hasta ese momento solo había tratado con gente que le conocía, su mujer, el médico y el personal de servicio. Sentía miedo y a la vez curiosidad por comprobar la reacción de alguien de la calle al verlo.

Salió al ajetreo de la calle, la gente iba y venía a lo suyo, con prisas, nadie reparaba en los demás. Comenzó a caminar hacia una clínica que conocía, le habían hablado bastante bien de ella, y no le pillaba muy retirada para ir andando. En ella, trataban problemas psicológicos de toda índole, incluso patologías más serias y problemas mentales. Si algo funcionaba mal en su cabeza, como parecía ser, debería tratárselo cuanto antes, sin demora.

A pesar de no tener cita concertada, no tuvo que esperar apenas, en seguida apareció la enfermera, que tras pronunciar su nombre, le indicó que pasase a la consulta. Comenzaron a atenderle dos doctores, el apellido y el pagar la abultada factura por anticipado puede multiplicar de forma considerable el interés por un caso. Le indicaron que se tendiese y se pusiera cómodo en una especie de diván, tras presentarse, como el Dr. Barroso y Dr. Rodríguez, comenzaron a realizar una serie de preguntas.

_  Sus apellidos son Botín y O´Shea, ¿es correcto?- Emilio corroboró con un movimiento de cabeza afirmativo - es para completar su ficha - le explicaron -
_ Refiéranos qué es lo que le ocurre D. Emilio - intervino el Dr. Barroso -
_ Míreme fijamente doctor: ¿verdad que soy un monstruo?.
_ ¿Cómo dice? - preguntó sorprendido el Dr. Rodríguez -
_ ¡Es que no ven que soy un MONSTRUO!
_ A ver tranquilo D. Emilio, cuéntenos lo que ocurre desde el principio. ¿ Cuándo comenzó a sentirse mal?. ¿Qué es exactamente lo que no vemos?.
_ Todo comenzó esta mañana, me levanté, me miré en el espejo, y ahí estaba el reflejo de ese Monstruo, mi horror fue el comprobar que era mi reflejo, el Monstruo era yo. ¡Mire, no son manos, son zarpas!. ¡Pero es que no lo ven!. ¡SOY UN MONSTRUO!

Los dos psiquiatras se quedaron paralizados, contemplaban absortos a Emilio. Ninguno de los dos parecía encontrar palabras, se miraron, se asintieron mutuamente, pero ninguno de los dos decía nada. Fue el Dr. Barroso el que por fin rompió el silencio.
_ Y dice que fue  esta misma mañana, cuando comenzó a tener esas... digamos, visiones.
_ No son visiones.
_ ¿Le ha pasado esto con anterioridad? - inquirió el Dr. Rodríguez -
_ ¡Claro que no!. ¿Piensan que estoy loco?. ¿Pero es que no veen que ahora soy un Monstruo?.
_ Serio - añadió el Dr. Barroso mirando a su compañero -

Entonces fue cuando comenzaron ambos el bombardeo de preguntas. Edad, estado civil, que si padecía alguna enfermedad relevante, que si cómo fue su infancia, que si cuál es su trabajo, que si cual es su función específica como asesor financiero, que si ha ordenado llevar a efecto muchos desahucios, que si acude al baño regularmente, que si duerme bien, que si sus relaciones sexuales son normales, que si esto, que si lo otro... siempre altenándose ambos en el turno de pregunta.
_ ¡Bueno ya basta!. Soy un Monstruo y quiero soluciones. ¡Qué es lo que me pasa y qué tengo que hacer para volver a ser el de antes!.
_ D. Emilio, su situación, puede ser debida, a algún tipo de complejo que acarrea desde su adolescencia, reactivada por la situación actual. Se ve obligado a llevar a cabo, inducido principalmente por la autoridad paterna, acciones que no son de su agrado, lo que le crea un incipiente sentido de culpabilidad, con el agravante del odio hacia una figura femenina con la que compite por el liderazgo, tanto a nivel laboral como social.
_ Creemos - continuó el doctor Barroso - que padece un sentido de culpabilidad, agudizado por su obligada necesidad de competir. Le recomendamos que acuda a nuestras terapias de grupo, unos días de descanso, inhibido de sus quehaceres habituales, y sobre todo tomarse la vida con más tranquildad.

Salió de la clínica con la moral por los suelos, hacía un frío de mil demonios, pero le daba igual. No sabía qué era peor: si ver alucinaciones o ser un envidioso de mierda. Era lo que le habían dado a entender los dos psiquiatras de la clínica. A lo mejor era verdad, y todo era producto de su imaginación. Quizás el sentimiento de culpabilidad, ese, del que tanto hablaban, le hacía sentirse y verse como un Monstruo. Pensaba hacerles caso, todo el mundo no se podía equivocar, a la vez, volvería a casa y planearía un viaje junto a Elizabeth. Pobrecilla; vaya trago que la había hecho pasar.

Pensaba en lo penoso del tiempo, hacía un aire cantidad de molesto, un frío que penetraba hasta los huesos y ahora de repente comenzaba a llover. Las gentes aceleraban el paso ante la inminente amenaza de lluvia, de improviso a un niño se le escapó un juguete, se desaferró de la mano de su madre y corrió a buscarlo. El juguete fue a parar justo a los pies de Emilio, que se agachó y lo recogió, pero el niño cegado por el aire, no reparó, chocando de forma brusca con el hombre. Cuando abrió los ojos, se quedó mirando a quien le ofrecía el juguete, justo antes de recogerlo. Justo un instante antes de articular un "gracias señor", vió la cara del sujeto que le ofrecía su juguete. Al principio el niño se quedó paralizado, después la expresión se convirtió en horror, para que sin poder contener un grito de miedo, saliese corriendo buscando la protección de su madre.
_ ¡¡¡UN MONSTRUO!!!, ¡Mamá corre, es UN MONSTRUO!!!
_ ¡Qué! ¿Cómo? ´- balbució desolado Emilio -

A partir de entonces todos los mendigos y desahuciados por la sociedad, conocían a un tipo que se llamaba a sí mismo el Monstruo, que podía parar en cualquiera de los callejones de la ciudad frecuentados por los indigentes. Siempre borracho, con una botella de buen whisky en la mano, que nadie sabía como conseguía y utilizando términos de un lenguaje que nadie entendía.

sábado, 21 de diciembre de 2013

MONSTRUO





 " El mundo es suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos. Pero siempre será demasiado pequeño para la avaricia de algunos".

                                                        Mahatma  Gandhi



Se sentía completamente somnoliento cuando sonó el despertador. Notaba una ligera pesadez de estómago y la boca pastosa, pero lo peor era el dolor de cabeza. Eran apenas las seis de la mañana y no entendía la devoción, inculcada por su familia, respecto al hábito de madrugar. Simplemente un par de horas más de sueño, solucionarían todos esos pequeños problemas.

Se levantó todavía adormilado, y trastabillando acudió al baño para orinar de forma generosa en el moderno inodoro. Mientras; escuchaba caer el agua de la ducha, primero; como una lluvia fina, constante, acompasada, después; como una serie de golpes amortiguados por el pelo, quizás, ruido de que sin duda hay alguien ahí, bajo el chorro, y el agua cae en riachos, goterones a destiempo, cae de golpe mucha agua más pesada, agua jabonosa que golpea contra el agua estancada.

Todavía un tanto adormilado, se dispuso a mirarse en el espejo. Estaba completamente empañado y comenzó a limpiarlo con la manga del pijama. Al recibir el reflejo de su imagen, no pudo contener un respingo, se frotó los ojos, se acercó al cristal. Pensó que debía tratarse de algún mal sueño, o una broma de mal gusto. Comprobó con horror que tenía la cara y los brazos llenos de pelo, pero de forma exagerada, sobrenatural; abrió la boca, y su dentadura era muchísimo más poderosa, algunas piezas dentales exhibían una fortaleza de auténtica arma mortífera. Sus manos, eran enormes ahora, los dedos podía decirse que eran garras y las uñas tenían un aspecto realmente capaz de intimidar a cualquiera, más que manos, lo que observaba eran unas zarpas. ¿Pero cómo era posible que le hubiesen crecido tanto las uñas en una noche?. Dió un paso hacia atras, se observó atentamente y pensó: ¡Dios, doy miedo!. Soy...soy ¡un monstruo!.

En ese preciso momento, Eli, que era como llamaba de forma abreviada a Elizabeth, su mujer, cerró el grifo de la ducha. Pudo escuchar como le llamaba: "¿Emi, eres tú, estás ahí?". No pudo reprimir un gruñido como contestación, mientras que absorto se miraba los pies. Escuchó como su mujer descorría la mampara de la ducha, vio como por una rendija asomaba su mano, mientras le pedía por favor que le acercase la toalla. Entonces la alarma saltó en su cabeza, no podía dejar que le viera, al menos de momento, con un movimiento rápido le tendió la toalla, y salió del baño a toda prisa. 

Volvió a la habitación, se metió de nuevo en la cama y se arropó hasta la cabeza. Cerró los ojos apretándolos muy fuerte, e imploró para sus adentros, llegando a pronunciar su súplica: "por favor, Dios mío, que todo sea una pesadilla. Ahora que me despierte y todo vuelva a ser como antes". Ahuecó las mantas dejando que entrara un haz de luz, se miró su mano izquierda, y nada, su ruego no había servido de nada. Seguía siendo un monstruo, algún tipo de bestia. no sabía como era posible, pero es lo que había. Un temor inundó su cabeza, no sabía como iba a reaccionar, dentro de poco su esposa entraría en la habitación, y no sabía hasta que punto podía ser peligroso. Cómo reaccionaría ella al verle con su nuevo aterrador aspecto, y mucho peor, cómo encajaría él tenerla cerca. Le martirizaba la idea de ser capaz de hacerla daño.

La mujer entró en la habitación conyugal portando una toalla a modo de turbante en el pelo, y otra que le cubría el cuerpo por debajo de las axilas. Le extrañó ver a su marido de nuevo metido en la cama, además de esa extraña manera: arropado hasta la cabeza, de forma que sólo se intuía su bulto bajo el edredón. Tras la sorpresa inicial, acudió a su mente la preocupación, por lo que preguntó angustiada: "Emi, cari, qué te pasa, qué haces en la cama a estas horas". Él se aferró a la ropa y angustiado le contestó sobresaltado: "¡Eli, aléjate de mí!. No quiero hacerte daño". Entonces ella sonrió y otra idea muy distinta acudió a su cabeza, a veces, podían ser muy imaginativos. Por lo que trató de acertar de qué iba el jueguecito en esta ocasión.

Sin pensárselo dos veces se quitó la toalla del pelo y comenzó a secarlo con ella aceleradamente, dejó caer la que cubría su cuerpo, y sacó del galán el conjunto interior nuevo, color púrpura, que adquirió justo el día anterior. Se dejó caer sobre la cama y comenzó a avanzar a gatas hacia la cabecera, gritando en un fingido afligimiento: "¡No, por favor, animal malvado. No me hagas daño!". Emilio, en un principio pensó que le había visto, pero el tono no le encajaba del todo, hasta que comprendió.

_  Eli, te estoy hablando en serio, puedo resultar peligroso. ¡Alejaté de mí!.
_¡Ay, Emilio!, me estás asustando. ¿Qué te pasa, te encuentras mal?. A ver, quítate el edredón de la cabeza que te vea.
_ Elizabeth, por última vez, ¡aléjate de mí!.

Después de un ligero forcejeo entre ambos con la ropa de cama, el uno para mantenerse oculto, y la otra para descubrirle la cara, Emilio decidió que no merecía la pena seguir ocultándose, total en algún momento tendría que verle. Por lo que esperando el grito de horror de su mujer, se descubrió la cara.
_ Está bien tú lo has querido.

La mujer se le quedó fija mirándole, pero no hacía nada, hasta que se le acercó ligeramente, reparando en los ojos, después le pidió que sacase la lengua.
_ Lo que me imaginaba, estás agotado my darling. Estate ahí tranquilo, voy a llamar ahora mismo al doctor.
_ ¡Eli!
_ ¡Ay qué!
_ ¿Pero tú me has mirado bien?. Acércate. Mírame, ¡soy un monstruo!
_ Que pesado cari, de verdad. Hazme caso, estate tranquilo al menos hasta que venga el doctor.

 Extrañado, se levantó, se enfundó en su batín y fue de nuevo a mirarse en el espejo del baño. No podía comprender qué era lo que ocurría. Mientras escuchaba como su mujer, abajo, le pedía al médico familiar que acudiese al domicilio, se miró de todas las posturas, en todos los ángulos imaginables, y todas las imágenes reflejadas que le devolvía el espejo, eran las de un monstruo, un auténtico animal. No comprendía porqué ella estaba tan tranquila en el salón hablando por teléfono, en lugar de estar aterrada.

jueves, 12 de septiembre de 2013

HACIA ATRÁS


     

                               
                               "Cuanto más pensemos, más nos faltará por pensar." 

                                                      Jesús Ibáñez           
                         

  El verano de 1940 resultó especialmente caluroso, todo el mundo lo comentaba en La Parrilla y en varias comarcas de los alrededores de Cuenca. Resultó un año tremendamente doloroso, por un lado; hacía poco que acabó la Guerra Civil en España, con la victoria de los golpistas de Franco, y por otro; hacía escasos meses, que había estallado la II Guerra Mundial. De todas formas, en un pueblo como La Parrilla, todos estos hechos tan trascendentales para la historia, apenas si se hicieron notar, con la debida intensidad, en el día a día de sus habitantes.

La guerra en España acabó oficialmente el 1 de Abril de 1939, pero ya hacía algunos meses, que comenzaron a reaparecer los ricos del pueblo, los caciques, que se mantuvieron escondidos, durante gran parte de la contienda, algunos, en las cámaras, desvanes, incluso en habitaciones ocultas por tabiques superpuestos, en sus propias casas. Salieron de sus escondrijos como las ratas, para retomar sus posesiones como leones.

Dos niños retozan junto a su abuelo, que postrado por la edad sobre el sofá, les sonríe, ellos, le ven en parte, como una especie de niño grande, que les cuenta unas historias extrañas, sobre tiempos remotos, que debieron de ser un aburrimiento, pero que a veces les gusta escucharlas, porque o son muy tristes que dan pena o son muy alegres y les entran ganas de reírse. "¿Abuelo, tú estuviste en la guerra?". Le pregunta el niño, sin saber exactamente lo que conlleva la pregunta. El abuelo se queda mirando al mayor de sus dos nietos, - con diez años - la mirada un tanto perdida, y le contesta rememorando: "Ah, la guerra, sí. ¡ Qué tiempos aquellos !. Yo no estuve, pero dos de mis hermanos sí, uno de ellos, perdió la vida en ella".

Ángel, todavía no tenía los catorce años cuando empezó a trabajar para la casa de Antonia "la sastra", eran vecinos de toda la vida, vivían justo enfrente en la calle Altillo del Castillo, pero a las dos familias, a pesar de la amistad, las separaba algo más que el ancho de una calle. El niño, comenzaba a sentir el desencanto de lo que significaba el trabajar como asalariado. Hasta entonces, venía ayudando a su padre en algunas faenas de labranza y tareas de la casa, trabajo no remunerado, pero ahora le pagarían la cantidad de dos pesetas por día de trabajo. Por lo que comenzó a sentir en sus propias carnes la esencia del capitalismo: la explotación, el abuso y la avaricia.

El trabajo era duro y la jornada larga, Dionisio, su jefe, tenía mucha confianza con su familia, precisamente por eso, probablemente, el abuso era mayor. Ángel, solía volver del campo tras acabar su jornada laboral, poco antes de las doce de la noche, picaba algo de lo que le tenía preparado su madre de cena y se acostaba. Antes de las tres y media de la madrugada, ya estaba el buen hombre aporreando los portones de la casa del muchacho y llamándolo a voces, para que se levantara y acudiese de nuevo al trabajo. Sacar agua del pozo a cubos, para que bebieran casi cincuenta mulas, - "los sastres" eran tratantes de mulas, las compraban pequeñas, las criaban, las domesticaban y luego las vendían por toda la comarca - limpiar la cuadra, tener preparados dos carros con un par de mulas cada uno, para acercar a los labradores, que eran principalmente mujeres en aquella época, y acarrear durante todo el día la cosecha, desde los campos de labranza hasta la era, donde se extendía la mies para comenzar a trillar, esa era su rutina diaria, a no ser, que le mandasen hacer otra cosa entremedias. Total que casi todos los días cuando quería llegar a casa eran poco menos de las doce de la noche, y sabía que al día siguiente se tenía que levantar a las cuatro de la madrugada, para volver a empezar. Aun así, don Dionisio, tenía por costumbre el acudir todas y cada una de las madrugadas de aquel caluroso estío, a llamarle a voces, golpeando los portones de su casa para despertarle. Hasta que una mañana, casi acabando la canícula, le hizo ver que esa forma era errónea, porque él sabía que tenía que acudir al trabajo, y que eso lo podía hacer, si acaso, cuando hubiese comprobado falta de responsabilidad, que de momento no era el caso, por su parte. Pero cuando acabó la guerra, esa gente, estaban muy creciditos, no se las atenían con nadie, por lo que se vió obligado a mandarle directamente a hacer puñetas.

"¿Abuelo, en el pueblo, había policía?". "No, lo que había era Guardia Civil" - contesta rememorando, con la  mirada un tanto perdida -.
"¿ Pegaban por entonces a la gente ?". Le pregunta de nuevo el nieto, esperando respuestas que casi se sabe de memoria. "En aquella época, después de la guerra, los trabajadores teníamos que andar más derechos que velas. ¡Cualquiera se desmandaba!. Si te cruzabas con la pareja - de guardias civiles - por los caminos de las afueras del pueblo y les saludabas, malo, si pasabas sin decirles nada, malo también, eso que te conocían, al menos los del pueblo. Pero claro; si tenías fama de ser un poco más rebelde, y yo, y algunos más la teníamos, pues ya te tenían entre ojos. Anda que no me habrán quitado a mí, sin motivo, cargas de leña en el invierno, y hacer que se las llevaras a ellos al cuartelillo para calentarse gratis".

El abuelo prosigue con su retahíla, mientras que el menor de los nietos enciende una vídeoconsola portátil.
"No hemos pasado nada en aquellos tiempos con esa gentuza, pues no estaban creciditos ni nada después de haber ganado la guerra. Luego; por si fuera poco, estuve trabajando para "los remolines", eran los más ricos del pueblo, menudos franquistas fachones, uno de los hermanos murió en la división azul. Todo se les hacía poco para sacarte bien la pringue, una noche sí y la otra no, tenías que ir a dormir a la cuadra, para dar de comer al ganado.

"Abuelo, ¿ pero tú pasaste hambre en el pueblo?" - le pregunta el más pequeño, mientras descansa para que juegue una partida su hermano -. "No hijo - le contesta el abuelo - la verdad, es que hambre no he pasado, a pesar del racionamiento que había después de la guerra. Entonces existía el estraperlo, que por una parte nos permitía vender lo poco que `nos sobraba´, algunas veces era revender mercancia: panes, aceite, leche, huevos, y te jugabas el acabar en el cuartelillo, incluso en la cárcel, si no te entendías con los guardias. Con estos trapicheos, se conseguía algo de dinero, para a su vez, poder comprar otros alimentos que te hicieran falta, aunque, sí había quien se dedicaba siempre al estraperlo y lo consideraba como su negocio, además le daba para vivir, algunos bastante bien, por cierto".

"¿Por qué  te viniste del pueblo, es que no había trabajo?" - preguntaba el niño mientras le pasaba la vídeoconsola a su hermano - .
"En La Parrilla, en aquellos años, había trabajo a ´punta pala`, no faltaba: lo que no había era futuro. Me casé allí y tuve mi primer hijo, pero me di cuenta que la vida en mi pueblo era eso, estar hecho un esclavo, sin tener vida, nada más que trabajando, para que vivieran ellos, los ricos. Llevar una vida servil, sumisa, sin poder rechistar por nada, si es que no querías tener problemas, todo, para ofrecerle un porvenir lleno de resignación a mis hijos. No me gustaba y quería creer que la vida era otra cosa. Porque una cosa es trabajar, que hay que trabajar, y duro, si hace falta, y otra cosa es que te tengan como un esclavo. Pero por lo que veo en estos tiempos, los de siempre, han decidido que volvamos hacia atrás, esperemos que no haya que esperar otros cuarenta años de atraso, para tratar de avanzar. Porque eso ya lo viví a partir del verano de 1940.

Mientras los niños siguen disfrutando de su vídeojuego, el abuelo, rememora hechos de la vida de Ángel, sus historias de un tiempo pasado, que no volverá, y bueno será luchar porque no vuelvan.

viernes, 6 de septiembre de 2013

31 PARADOS MENOS, MÁS 2 DISCOS DUROS






Me dice mi amigo "el marciano", que el otro día, el Sr. Botín, delante de su círculo de hienas, perdón, de amigos, les comentaba que las crisis son buenas hasta en el matrimonio, porque hacen crecer y reafirman. No hay más que ver nuestras cifras - les comentaba don Emilio - desde que comenzó este expolio, perdón, esta crisis. Cifras que nos confirman, que hemos crecido más que nunca de forma brutal y desproporcionada, y que nos reafirman en la idea de que las instituciones reguladoras, supuestamente, encargadas de controlarnos, no sirven absolutamente para nada. Por tanto; recomiendo, a todo el mundo una crisis de lo que sea, por lo menos una vez al mes. Se escuchaban aplausos procedentes, incluso, de Genova 13, no sabemos si en diferido, siquiera si simulados, pero siempre con el patrocinio del grupo Santander o similar.

Hablando de instituciones de las que se desconoce su utilidad efectiva, mi amigo el "marciano" conoce una numerosa cantidad de ellas y se descojona con muchas, vamos, con casi todas. La que está estos días muy de moda es la ONU, de la cuál, no sé si habría que reinventar sus siglas, pero al menos, sí su significado. La verdad es que resulta un auténtico acto de fe, creerse realmente, que alguien cuyo nombre suena a un nuevo tipo de helado, o cuando menos a una nueva técnica dentro de las artes marciales, sea capaz de organizar algo, con la intención de unir nada menos que naciones.

Pero Ban Ki-moon es un señor muy serio, del que todo el mundo espera que dé luz verde a las intenciones de esa nueva "paloma negra" de la paz, que curiosamente, también es el señor de la guerra, y que se encuentra deseoso de regar con una lluvia de bombas, en esta ocasión, las tierras de Siria. Como dice "el marciano": "hay veces que la cola mueve al perro". Por eso se trata de buscar otro tipo de unión para legitimar el acto, principalmente, porque Siria, más que a química o armas, huele a gas que te rilas y merece ser arrasada, como otras tierras en otras ocasiones; en nombre de los derechos humanos, la libertad, la democracia e incluso de la paz.

En Europa tenemos la UE, que desde su creación nunca ha dejado de ser, más que nada, una declaración de intenciones, con una "Unión", que parece un chiste malo, y un "Europea", cuya forma de vida se queda para disfrute de algún país del norte. Los del sur, mientras, jugamos a las democracias y a gobiernos soberanos, muy unidos a las órdenes y siguiendo los mandatos de nuestros jefes alemanes.

Aquí, en España, disfrutamos de una justicia, que aunque lenta, no por ello deja de ser menos injusta, con jueces, que disponen de una lentitud de reflejos directamente proporcional a las velocidades que alcanza don Mariano haciendo footing: los dos son más lentos que el caballo del malo, en un western a punto de acabar. También contamos con partidos como el PP, que es el que actualmente nos putea, perdón, nos gobierna, que en su afán por colaborar con la justicia y haciéndose partícipe total de la ley de transparencia, le entregó el otro día al juez Ruz unos ordenadores totalmente transparentes. Los ordenadores, supuestamente, utilizados por Luis "el cabronazo", y utilizo el aumentativo para no caer en el error de quitarle años y porque es lo que más abunda en el Partido Popular, a pesar de que algunos pretendan suavizarlo denominándose a sí mismos "cachorros", estaban desprovistos de todo contenido.

Es que gracias al caso Gürtel, a Bárcenas, al afán del PP por tratar de explicar lo inexplicable, y a las palabras de la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría, por fin sabemos que el partido en el gobierno es una empresa y que funciona como tal. Quizás, esa sea la explicación  de que el señor Rajoy, más que gobernar para el pueblo al que representa, lo haga a favor de los grandes empresarios y las grandes fortunas. Al final va a resultar que en lugar de un presidente del gobierno, lo que tenemos es un gerente.

Ante semejante panorama, no es de extrañar, que don Mariano se mantuviese oculto y ocioso en proporciones iguales, tan sólo atinando a prohibir, de manera enérgica, la pronunciación de la palabra "Bárcenas", al menos en su presencia. Un Rajoy agazapado, hasta la aparición de ese ministro de rostro indescriptible, cuyo apellido, viene a recordarles a todos y cada uno de los votantes del PP de dónde se han caído. El Sr. Guindos, el otro día, vino a decirnos que dónde va a parar, que "ahora, sí se ve luz al final del túnel", aunque sea la luz de otro tren que viene de frente y nos arrolla. Y es que ya tenemos 31 parados menos en agosto, así que con las medidas de creación de empleo que está adoptando el gobierno, y a este ritmo vertiginoso de parado menos por día, le damos ciento cincuenta siglos a don Mariano y nos instaura el pleno empleo en España.

Como pieza clave, el Gobierno cuenta, aunque no se lo crean, ni yo tampoco, con la ministra de desempleo e inseguridad asocial, doña Fátima Báñez. Doña Fátima, es muy de ocurrencias y cuando no se la ocurre nada, reza, vamos nos manda rezar a todos. Su último gran invento es el asegurar que a los pensionistas, siempre, siempre, se les va a subir la pensión. Así que por una complicadísima fórmula; que tiene en cuenta como está la economía del país, el BBVA, Inditex y la empresa constructora de su familia, podremos conocer si nuestros mayores, podrán medio comer ese año, o es preferible que se mueran. Por poner un ejemplo, la pensión media en España, que está en 900 € de media, yo conozco muchas más que rondan los 600 €, pero bueno, con el 0,25% de subida que garantiza Báñez, se incrementaría en unos astronómicos 2,25 € al mes. Por eso pide que en adelante, los pensionistas recen para que no suba el papel higiénico.

No crean que ya me produce tanta risa las gracieta de esta gente. No porque me importe que los ricos sean cada vez más ricos y vivan cada vez mejor, sino porque he descubierto que esto se produce a mi costa. No sé si alguien se da por aludido.
Ah!, tú no, que ya sé que eres marciano.


domingo, 1 de septiembre de 2013

LA GENTE ESTÁ EN SUS COSAS





"Lo que mas me indigna es la indiferencia con que se contemplan las cosas, en general. Y en los dirigentes la ignorancia y la soberbia".

                                                         José Luis Sampedro



La verdad es que llegado este tiempo y con este calor, uno se deja, hasta de pasearse. Yo recuerdo que en tiempos del gobierno de Zapatero, a pesar de no haber sido capaces de enterarse de nada en lo referente a la gestación de una crisis de proporciones titánicas, casi todo era motivo de alerta. Había alerta por ola de calor, alerta por ola de frío, alerta por todo tipo de olas. El PP, se equivocó de "holas" y por eso apostó por un Gobierno basado en el ruego a Dios: adiós a la sanidad pública, adiós a la educación pública, adiós a los derechos laborales, adiós a las mínimas políticas sociales de las que disponíamos y adiós a lo poco que queda del estado de bienestar. Todo ello sustentado por la aplicación del siempre efectivo método del "a Dios rogando pero con el mazo dando".

El otro día, decidí jugarme la vida, y abandonando el sofá del Ikea, me encontraba predispuesto, sin anestesiar ni nada, a afrontar y padecer toda la dureza del estío, saliendo a la calle a darme una vuelta por el barrio. Siempre que soy presa de estos ataques de heroicidad, me gusta evaluar los pros y los contras y efectuar una estrategia, imaginando un escenario de la situación en el supuesto más adverso.
Tenía como aliados la caída de la tarde, lo que hace variar la temperatura ambiente entre 3º y 4ºC, y contaba; con que el establecimiento hostelero más cercano al portal de mi vivienda, una cervecería, tan sólo dista apenas 25 metros. Los contras: que llevaba días sin pasear por el barrio e ignoraba qué locales podían estar cerrados por vacaciones.

Salí a la calle, donde por cierto, contra todo pronóstico la temperatura era bastante agradable. Estaba dispuesto a entretenerme viendo los escaparates de los últimos locales de chinos abiertos en el barrio. Entonces, me encontré con mi amigo Luis.

Luis es albañil, le conozco desde siempre, de jugar a las canicas, al peón, compañeros del colegio, practicamente crecimos juntos. Es un trabajador nato, su padre se lo llevó por  primera vez a la obra cuando tan sólo tenía 12 años. A pesar de todo, seguimos en contacto y mantuvimos nuestra amistad durante todo este tiempo.Transcurridos unos años, se hizo novio de Isabel, una chica de aquí, del barrio también, con la que se casó y tuvo dos hijos.

Hacía ya unos meses desde la última vez que nos vimos, nos estrechamos las manos, nos preguntamos mutuamente que qué tal y comprobamos que los dos estábamos un poco más mayores, pero poco, con algunas canas más, pero no demasiadas y algún kilo de más, quizás, también. Enseguida  como era su costumbre, últimamente, cuando nos veíamos, me soltó su frase favorita: "tío, dime dónde vamos a tomar algo que estoy seco".

La vida de mi amigo era la de una persona sencilla, no se metía en problemas, no bebía, su vida era el trabajo y su casa. La política no le atraía y le solía decir a su hermano Paco, que era militante de una organización de izquierdas, "yo con los partidos políticos no quiero nada, que son todos iguales". Luis era lo que solemos llamar un "hombre de su casa", trabajador, ahorrador y al que el trabajo no le faltaba. Con este panorama quiso que su familia prosperase, tener una vivienda más grande, por lo que se embarcó en la compra de un chalet que le suponía el pago de más de 800€ mensuales de hipoteca, que al poco tiempo se convirtieron en 1100 euros, pero aún asi, la cosa se podía soportar. Alquiló su casa y con su sueldo, no tenía excesivos problemas para poder llegar a fin de mes.

Fuimos caminando hasta la bodega de Emilio, y siempre con su humor, Luis pidió dos J.B, por lo que Emilio nos puso delante dos botellines del Mahou - dos Jodíos Botellines - le pregunté con mucho tacto por Isabel y por los chicos. Con tristeza, me cuenta que con su ex mujer ahora está bien, empiezan a ser amigos y que a los chicos les ve bastante, sobre todo ahora con las vacaciones del colegio.

Los cobros en su empresa comenzaron a retrasarse, hasta que un día "el pistola" - así se le denomina en el argot, al jefe de una empresa subcontratada - comunicó a los trabajadores que Dragados le había quitado la concesión de la obra, y que no les podía pagar, porque a él tampoco le pagaban. Comenzaron los problemas de Luis, nunca había estado parado, pero de pronto, trabajo no había; el inquilino de su piso, le comunica que no le puede pagar, porque le han despedido; el banco le comunica que han devuelto la hipoteca, por no disponer de dinero en cuenta para afrontar el pago; sus padres le llaman preocupados, porque el banco les ha hecho saber que Luis no paga la letra de la hipoteca y que ellos son sus avalistas. Luis está desesperado, no encuentra trabajo, el inquilino de su casa se ha ido tras seis meses de impago de alquiler; Isabel, su mujer, siempre está de mal humor, culpa a su marido de no haber tenido cabeza; el banco les acosa, y les manda la notificación de embargo. Isabel no soporta la presión, hace las malestas, coge a los niños y se marcha a casa de sus padres. El banco ejecuta el desahucio y Luis se refugia en casa de sus padres, que también están amenazados. A partir de entonces, Luis comienza a acudir con Paco, su hermano, a asambleas y reuniones, donde se habla sobre desahucios y derechos humanos, comienza a implicarse en la "lucha" y acude a cuantas reuniones puede. Hoy; Luis es un miembro importante dentro de las plataformas, se ayuda a sí mismo, a la vez que trata de ayudar a los demás.

Íbamos por el segundo botellín, y comenzamos a rememorar cómo éramos de niños y no tan niños.
"Es que éramos unos pillos, y unos trastos, pero: recuerdas?. No nos dejábamos pisar por nadie. Cualquiera nos tosía!. Ahora la sociedad está mucho más adormecida. Fíjate en mi situación: desahuciado, y sigo pagando por algo que ya no tengo, para que no le quiten a mis padres lo poco que tienen ellos. Nos están engañando, a todos, lo sabemos, y la mayoría miramos para otro  lado, es increíble!". Me fijé en la impotencia de su mirada y la rabia contenida, que se percibía en sus palabras.
"Es cierto, no sé que necesitamos que nos hagan, para que la respuesta sea masiva y paremos este expolio". - le contesté -

"Mira - hizo una pausa, mientras asiente para sí mismo - la gente está en sus cosas  - se muerde los labios y ladea ligeramente la cabeza, como haciendo ver que lo que está diciendo  no le gusta, pero es lo que hay -  es lo que puedes deducir de la mayoría de las conversaciones de tu entorno, del mío, o del que sea. El tema de la lucha de clases,  el pelear por nuestros derechos saliendo a la calle, se ve como cosa de obreros, y nadie quiere ser un perdedor, todo el mundo quiere prosperar, y que prosperen sus hijos. Al menos eso es lo que lleva años inculcándonos el capitalismo éste de mierda, consumista a plazos. Quizás, y sólo quizás, cuando la mayoría de la gente, se vea como me he visto y me sigo viendo yo, despertaremos, y veremos claro que nadie nos regaló nada y que hay muchas cosas que cambiar, y que debemos cambiarlas nosotros a base de lucha".

A veces; según el contexto, hay frases que te marcan, depende quién las diga, cómo y en qué momento las dice, para que las consideres lapidarias. Cuando Luis acabó de hablar y volvió a su expresión habitual, yo, me repetí mentalmente, embelesado: "Joder!, la gente está en sus cosas". Se me quedó mirando, preocupado en un principio y medio sonriente me dijo: "pero tío, que no pasa nada, ya sabes, di algo".
Mirando a Emilio detrás de la barra, sólo se me ocurrió decir: "Pon la penúltima, Emilio, que aquí mi colega y yo, hoy, estamos en nuestras cosas".

miércoles, 21 de agosto de 2013

EL FINAL DEL VERANO



   


¿Por qué sólo se es partidario de la autodeterminación de los pueblos allí donde se espera sacar provecho de ello?.
                                                 
                                                         Hermann Hesse
                                                               
                                                     

Todos podemos recordar lo aburridísimos que resultaban antes los veranos. Pero ha sido llegar D. Mariano al gobierno, y comenzar a buscar soluciones, sobre todo, para los gravísimos problemas que afloran con el comienzo del estío. Ya desde la oposición; el Sr. Rajoy, nos apuntaba que teníamos un problema de competitividad, pero tras  hacerse con el poder, no tardó en puntualizarnos, que más bien, se trataba de un problema de competición. Por lo que como persona totalmente carente de hipocresía, comenzó a predicar con el ejemplo.

La prueba la tenemos este mismo verano, en el que hemos podido verle, compitiendo a la carrera con Suárez Costa, marido de Ana Pastor, actual Ministra de Fomento y parece ser que la nueva mujer de confianza de nuestro presidente dentro del gobierno. Por tanto; conociendo la trayectoria del gallego, en cuanto a personas en las que deposita su confianza se refiere, presuntamente, la próxima candidata a asestarle la puñalada por la espalda.

También contamos con un Rubalcaba, con mucha predisposición a colaborar en esta batalla encarnizada contra el aburrimiento. Tanto es así, que este año, se autoproclamó el encargado de poner la emoción: la emoción de censura. Al final, emoción, lo que se dice emoción, la verdad, es que no hubo mucha. Pero sí que hubo bastante censura, ya que, durante la comparecencia en el Senado, por el caso Bárcenas, de nuestro máximo gobernante, lo único que nos quedó claro es: que todo es verdad, salvo alguna cosa.

Es que hasta la Justicia colabora, no sólo con el Gobierno, sino también con el PP - partido en el gobierno - en ese afán por mantener al pueblo entretenido, en estos duros días de asueto. Y precisamente; qué mejor forma de llegar al pueblo, que despertándole el sentimiento patrio, incluso, si fuera menester, incitándole a una guerra tan improbable como ficticia, contra el enemigo a lo largo de siglos de historia: "el perro inglés". Tensión en el conflicto de Gibraltar, que por otra parte, es directamente proporcional, a la expectación que puedan despertar, en el pueblo, las declaraciones ante el Juez de dirigentes y ex-dirigentes, presuntamente corruptos, del partido en el Gobierno.

Podemos estar satisfechos, ya que existen numerosas entidades colaboradoras con la causa de mantener entretenido al pueblo a costa de lo que sea. Ante las exigencias del FMI, las recomendaciones de la UE, las imposiciones del BCE y los consejos de la OCDE y CEE. A don Mariano se le ve muy predispuesto a convertir al conjunto del pueblo español en mierduristas: dícese de la nueva clase trabajadora, que roza el esclavismo, obligada a trabajar por un salario conformado por unos euros de mierda.

Mientras tanto; nos las meten cuadriculadas por otro lado,
debemos recordar - lo de prometer, hoy por hoy, son palabras mayores - que doña Soraya dijo que la reforma financiera, no costaría ni un euro al contribuyente español. Al parecer, se equivocó, en apenas 36 mil milllones de euros, que son los que reconoce el gobierno de don Mariano como incobrables, en este mes de Agosto. Justo, casi coincide la cantidad exacta, con los recortes que van a perpetrar en la educación y la sanidad  públicas, esa que resulta carísima e inasumible.

Además; contamos con el empeño de la ministra Báñez, y su afán por convertirnos a todos nosotros  en una mezcla de espías, chivatos y delatores, de nuestros propios vecinos, para que no confundamos  los merecidísimos  sobresueldos legales de doscientos mil euros de la cúpula del PP, con el gravísimo fraude  de 400 € de algunos parados.

Luego tenemos a Soledad Becerril, marquesa y defensora del pueblo de sí mismo. Si es que esto es para no aburrirse. Resulta que doña Soledad, no recurrirá la ley antidesahucios del PP ante el Tribunal Constitucional, como le indicaba la PAH - Plataforma de Afectados por la Hipoteca - porque ya lo ha hecho el PSOE, el cual, en su día, no apoyó en el Congreso el recurso presentado por la PAH, debido a ese sentido "remunerativo", que tienen todos los partido amparados por nuestro sistema, que consiste en no mover un dedo si no se adquiere algún tipo de protagonismo o beneficio electoral.

Lo dicho; a ver si empiezan en serio las competiciones de fútbol, que es como D. Mariano y los suyos se sienten a salvo, en su garantía de que nos tienen entretenidos. Es que sino, en lo que queda de verano, capaces son de poner a la Armada Española a pescar Camerones.

sábado, 1 de septiembre de 2012

RESPONSABILIDAD



 “ Cuando algo es necesario y además es imposible, hay que cambiar las reglas del juego: para inventar nuevas dimensiones “.
                                                             Jesús Ibáñez.

 
Hoy he dormido bien, después de bastantes días de sueño intranquilo. Esta mañana, me he despertado notando una sonrisa estúpida en mi cara  y me he repetido a mí mismo: “ responsabilidad “.                                                                                                                    Haciendo un esfuerzo sobrehumano, he decidido levantarme. Después de orinar de forma generosa, me introduzco en la ducha. El contacto con el agua tibia, a la vez que inunda mi cuerpo, hace que comience a espabilarse mi cerebro, devolviéndome de nuevo a la realidad. Vuelve a acudir a mi mente la palabra “ responsabilidad “,  pero esta vez amoldando un triste pasado, a un lamentable presente, augurio de un devastador futuro.
 
 Un país sumido en las tinieblas, donde no sólo no se podía gritar sino que ni siquiera se podía hablar ni sobre política, ni sobre ideas, ni sobre casi nada. Un país, en el que la rebeldía latente de un pueblo, consiguió un atisbo de esperanza. Con este pensamiento de fondo en mi mente, se entremezclan sueños con recuerdos. Rememoro imágenes oníricas y recuerdos mezclados en un todo, conformando una composición de imágenes casi surrealistas.

Era sábado muy temprano. Un niño despertó contento, buscando a su madre. Sabía que su padre y hermanos estaban en sus respectivos trabajos. Se acordó de la conversación que había mantenido con su padre la tarde anterior, por lo que le abordó cierta sensación de euforia. Su madre estaba en la puerta de la calle, encendiendo el brasero de carbón, mientras mantenía una conversación con otra señora del vecindario, esperando ambas, que tirase la lumbre para llevarla dentro de sus respectivas casas. Su progenitora paralizó la conversación intrascendente con su interlocutora, al percatarse de la madrugadora aparición de su hijo, celebrándola e incluso proporcionándole ciertos arrumacos. La madre metió el brasero en casa, bajo la mesa camilla. Se dispuso a tostar pan y calentar la leche en la cocina de carbón, para que desayunase. Le tocaba bañarse, por lo que comenzó a calentar calderos de agua, que posteriormente vertía en un barreño grande de zinc, que tenían para dicho propósito. Debieron pasar un par de años más – al menos – hasta que tuvieron el primer calentador de agua, que funcionaba a gas butano.
  
 “Responsabilidad” – me repito – mientras introduzco pensativo, la taza de leche en el microondas, cuando me dispongo a desayunar, reconociéndome a mí mismo que ya no estoy tan animado. Mientras derramo los copos de cereales en el recipiente, me inunda una pregunta: ¿cuál es el tipo de responsabilidad con el que nos inundan?. ¿ Cuál es su responsabilidad?. 

A mediodía, regresa el padre del trabajo. Ya tiene preparado el baño para antes de la comida, a la que acuden sus tres hermanos mayores. Durante la siesta, el niño escucha una discusión de sus padres que le pone alerta.
 _  No quiero que vayas y menos que te lleves al niño.
_  Se lo prometí ayer por la tarde. Es muy curioso y eso no es malo. De todas maneras, no pasará nada, está autorizada. Será un paseo y le gustará ver lo que es la lucha.
_ También era autorizada la de hace tres semana, y tuve que estar dándote friegas de alcohol de romero hasta el otro día por unos porrazos en las costillas.
_ Escúchame, no hay peligro, te aseguro que está autorizada. Esto está a punto, va a cambiar, tengo un presentimiento. La responsabilidad también está en tratar de darles a nuestros hijos una vida mejor que la nuestra. No sólo en trabajar para asegurarles la manutención. Además, el chico quiere venir y a mí me gusta que venga: que vea como el pueblo lucha por sus derechos.
_ Que te acompañe uno de los mayores, pero al pequeño déjale.
 
Un país, en el que el paso de la dictadura a la democracia, conllevó el blanqueo biográfico de una élite franquista que no vivió un cambio de cultura política pero sí de estrategia electoral, conformando un recorrido subjetivo, entre los vencedores de la guerra civil que iban a asaltar la democracia sin haberla defendido y en muchos casos sin creer en ella. Acataron, con un Jefe de Estado impuesto, y unas reglas del juego atadas y bien atadas por el dictador.

Mastico despacio los cereales remojados en la leche, mientras vuelvo a la realidad: “ responsabilidad “ – me repito con sarcasmo - a la par que tomo el periódico y leo: " El gobierno promete que el  banco malo impuesto por la UE, no costará ni un euro al contribuyente".  Esto también parece formar parte de la psicodelia de un sueño, más que eso, parece una broma pesada.

Era media tarde, cuando su padre solicitó la mano de un niño rebosante de alegría porque se sentía mayor, casi tanto como sus hermanos, a pesar de que alguno le doblaba la edad. Pasó de la tranquilidad ociosa, de una tarde en un barrio obrero, a la multitudinaria acogida del centro de una urbe como Madrid, presidida por un sol tenue. De la curiosidad, pasaba a la expectación, presidida por una ilusión e impaciencia contenida. Observaba con orgullo, como su padre saludaba y conversaba en confianza con buen número de pequeños grupos, que no dejaban de sumarse a lo que ya comenzaba a convertirse en multitud. En un momento las gentes comenzaron a marchar, gritando consignas reclamando libertades. Se repetían cánticos y frases indignadas, que reclamaban derechos a un régimen dictatorial y represivo. Se le quedó grabado: “ El pueblo unido, jamás será vencido “.

Un país donde los políticos y dirigentes de turno, antepusieron el bien del pueblo a los intereses personales y de partido. Donde los gobiernos con sus ministros y secretarios de Estado, se desvivieron por asegurarnos a todos un futuro mejor. Un lugar donde nuestros gobernantes, conscientes de la confianza que les otorgábamos, fueron consecuentes de la responsabilidad adquirida, cumpliendo escrupulosamente las funciones que se les encomendaban y realizando de forma eficiente el trabajo asignado, por el cual se les permitía vivir de forma privilegiada.
 
El niño, emocionado, comenzó a repetir las mismas frases que gritaba la multitud. Llevaba como media hora caminando entre ciudadanos como él, entre el pueblo, siempre al lado de su padre. Cuando de pronto, comenzaron a oírse explosiones cercanas, como los petardos que estaba acostumbrado a escuchar a lo largo de las fiestas navideñas, pero bastante más estridentes. Tras un momento de incertidumbre, se produjo un tumulto a su alrededor, y de forma espontánea la gente comenzó a correr en sentido contrario al de la marcha. Su padre le tomó en brazos y comenzó a correr, notaba al cabo de un tiempo su resuello, presentía su fatiga. Cuando el cansancio era inminente, le apeó de los brazos, miró alrededor y descubrió un portal abierto. Le condujo al interior, una vez dentro, le acercó al hueco de la escalera y le dijo de forma contundente: “ no salgas de ahí, escuches lo que escuches. Después volveré a por ti “. Apenas escuchó que su padre anduvo unos pasos mientras se alejaba, empezó a oír golpes, gritos, lamentos y voces.



Mientras ojeo el periódico, rememoro ejemplos de responsabilidad en titulares anteriores, a lo largo de todos estos años . Siguiendo con la ironía, observo ejemplo tras ejemplo de cómo un gobierno tras otro se han preocupado de poner los medios, para aportar soluciones a nuestros problemas estructurales: el paro, la falta de competitividad, etc. Teniendo siempre presente que en democracia - δημοκρατία – el pueblo es soberano, y manteniéndolo en todo momento informado, han ido dando los pasos oportunos, para que evolucionemos a favor de nuestro bienestar. Un bienestar para todos, sostenible, apoyado sobre bases sólidas, con trasparencia y sin engaños.


La curiosidad, pudo más que la obediencia y el niño se asomó, al principio, de forma tímida y con cautela. Lo que vio nunca lo olvidaría, su padre y otra persona a la que no conocía, eran golpeados por las porras que portaban tres policías sin escrúpulos. Sin poder contenerse, caminó hacia su padre. Durante un instante, pudo ver su expresión de dolor, lo que le dejó petrificado durante un instante. Luego continuó caminando. Justo antes de que llegase a la altura del disturbio, los policías continuaron su camino, corriendo y lanzando porrazos a diestro y siniestro, a pesar de no encontrarse bajo ningún tipo de amenaza. En el suelo, inmóvil, permanecía su padre. El niño se tiró al suelo a su lado y comenzó a llamarle y zarandearle. Pronto acudieron otras personas para tratar de ayudar, y el padre recobró en seguida el conocimiento. Lo primero que hizo fue decirle con una sonrisa forzada: “ no te preocupes, no me pasa nada. Sólo me he caído “. El niño se abrazó a su padre como si hiciese mucho tiempo que no le veía.



Siempre pensé que se trataba de poner todos los medios existentes, de forma racional, al servicio de la mayoría de los hombres, para poder crecer en busca del desarrollo de la humanidad en todos los sentidos. A pesar de ser consciente de la hipocresía de un sistema, que deja morir de hambruna a una parte importante del Planeta, por conveniencia para el enriquecimiento de unos pocos. Creía que se trataba – nobleza de pensamiento el mío – de que esa otra parte de la Tierra, que se podía considerar “ privilegiada “ luchara por los derechos de las zonas más desfavorecidas. Hoy en día el panorama ha cambiado, y aquellos países a los que hace tan sólo unos años se les consideraba ricos, están siendo atacados por la avaricia de un capitalismo voraz, que en su codicia por obtener beneficios de usura, no repara en hacer peligrar, no ya el bienestar de las gentes de estos países, sino las necesidades más básicas de sus ciudadanos para poder desarrollar una vida con un mínimo de dignidad.

 A su padre lo llevaron a observación del Hospital Francisco Franco, el actual Gregorio Marañón. Afortunadamente, la historia no tuvo mayores consecuencias, que un día en observación por la pérdida del conocimiento debido a una contusión en la cabeza, siendo tratado a su vez, de diversas contusiones y magulladuras por distintas partes del cuerpo, pero de carácter leve. Recibió el alta el lunes siguiente por la mañana. Al niño lo llevaron a casa unos compañeros de su padre. No paraba de darle vueltas a lo acontecido. Tardó varios años en comprender algunas cosas. Durante mucho tiempo le venía - a veces en sueños pero otras en vigilia – siempre la misma imagen: su padre de espaldas gritando y pidiendo ayuda, mientras él observaba sin hacer nada, como le apaleaban tres policías hasta derribarlo.

 A veces pienso que nos da igual lo que nos echen. En este país lo soportamos todo, somos de un civilizado que te rilas. Sobre todo, si de lo que se trata es de echarse a la calle a protestar porque nos están pisoteando nuestros derechos. Sé, que esto hay que cambiarlo, mejor pronto que tarde, es mi responsabilidad, la nuestra, la de todos, por el futuro y por el presente, por nuestros hijos y por nosotros mismos. También sé, que ninguna formación política que vive asentada en nuestro sistema actual, supuestamente democrático, va a contribuir de forma considerable a cambiar nada. Tenemos que ser nosotros el pueblo, los que demos los pasos pertinentes. Aún así, es evidente que no todos los partidos son iguales y que unos se encuentran más arraigados al sentir del pueblo que otros.