domingo, 1 de septiembre de 2013

LA GENTE ESTÁ EN SUS COSAS





"Lo que mas me indigna es la indiferencia con que se contemplan las cosas, en general. Y en los dirigentes la ignorancia y la soberbia".

                                                         José Luis Sampedro



La verdad es que llegado este tiempo y con este calor, uno se deja, hasta de pasearse. Yo recuerdo que en tiempos del gobierno de Zapatero, a pesar de no haber sido capaces de enterarse de nada en lo referente a la gestación de una crisis de proporciones titánicas, casi todo era motivo de alerta. Había alerta por ola de calor, alerta por ola de frío, alerta por todo tipo de olas. El PP, se equivocó de "holas" y por eso apostó por un Gobierno basado en el ruego a Dios: adiós a la sanidad pública, adiós a la educación pública, adiós a los derechos laborales, adiós a las mínimas políticas sociales de las que disponíamos y adiós a lo poco que queda del estado de bienestar. Todo ello sustentado por la aplicación del siempre efectivo método del "a Dios rogando pero con el mazo dando".

El otro día, decidí jugarme la vida, y abandonando el sofá del Ikea, me encontraba predispuesto, sin anestesiar ni nada, a afrontar y padecer toda la dureza del estío, saliendo a la calle a darme una vuelta por el barrio. Siempre que soy presa de estos ataques de heroicidad, me gusta evaluar los pros y los contras y efectuar una estrategia, imaginando un escenario de la situación en el supuesto más adverso.
Tenía como aliados la caída de la tarde, lo que hace variar la temperatura ambiente entre 3º y 4ºC, y contaba; con que el establecimiento hostelero más cercano al portal de mi vivienda, una cervecería, tan sólo dista apenas 25 metros. Los contras: que llevaba días sin pasear por el barrio e ignoraba qué locales podían estar cerrados por vacaciones.

Salí a la calle, donde por cierto, contra todo pronóstico la temperatura era bastante agradable. Estaba dispuesto a entretenerme viendo los escaparates de los últimos locales de chinos abiertos en el barrio. Entonces, me encontré con mi amigo Luis.

Luis es albañil, le conozco desde siempre, de jugar a las canicas, al peón, compañeros del colegio, practicamente crecimos juntos. Es un trabajador nato, su padre se lo llevó por  primera vez a la obra cuando tan sólo tenía 12 años. A pesar de todo, seguimos en contacto y mantuvimos nuestra amistad durante todo este tiempo.Transcurridos unos años, se hizo novio de Isabel, una chica de aquí, del barrio también, con la que se casó y tuvo dos hijos.

Hacía ya unos meses desde la última vez que nos vimos, nos estrechamos las manos, nos preguntamos mutuamente que qué tal y comprobamos que los dos estábamos un poco más mayores, pero poco, con algunas canas más, pero no demasiadas y algún kilo de más, quizás, también. Enseguida  como era su costumbre, últimamente, cuando nos veíamos, me soltó su frase favorita: "tío, dime dónde vamos a tomar algo que estoy seco".

La vida de mi amigo era la de una persona sencilla, no se metía en problemas, no bebía, su vida era el trabajo y su casa. La política no le atraía y le solía decir a su hermano Paco, que era militante de una organización de izquierdas, "yo con los partidos políticos no quiero nada, que son todos iguales". Luis era lo que solemos llamar un "hombre de su casa", trabajador, ahorrador y al que el trabajo no le faltaba. Con este panorama quiso que su familia prosperase, tener una vivienda más grande, por lo que se embarcó en la compra de un chalet que le suponía el pago de más de 800€ mensuales de hipoteca, que al poco tiempo se convirtieron en 1100 euros, pero aún asi, la cosa se podía soportar. Alquiló su casa y con su sueldo, no tenía excesivos problemas para poder llegar a fin de mes.

Fuimos caminando hasta la bodega de Emilio, y siempre con su humor, Luis pidió dos J.B, por lo que Emilio nos puso delante dos botellines del Mahou - dos Jodíos Botellines - le pregunté con mucho tacto por Isabel y por los chicos. Con tristeza, me cuenta que con su ex mujer ahora está bien, empiezan a ser amigos y que a los chicos les ve bastante, sobre todo ahora con las vacaciones del colegio.

Los cobros en su empresa comenzaron a retrasarse, hasta que un día "el pistola" - así se le denomina en el argot, al jefe de una empresa subcontratada - comunicó a los trabajadores que Dragados le había quitado la concesión de la obra, y que no les podía pagar, porque a él tampoco le pagaban. Comenzaron los problemas de Luis, nunca había estado parado, pero de pronto, trabajo no había; el inquilino de su piso, le comunica que no le puede pagar, porque le han despedido; el banco le comunica que han devuelto la hipoteca, por no disponer de dinero en cuenta para afrontar el pago; sus padres le llaman preocupados, porque el banco les ha hecho saber que Luis no paga la letra de la hipoteca y que ellos son sus avalistas. Luis está desesperado, no encuentra trabajo, el inquilino de su casa se ha ido tras seis meses de impago de alquiler; Isabel, su mujer, siempre está de mal humor, culpa a su marido de no haber tenido cabeza; el banco les acosa, y les manda la notificación de embargo. Isabel no soporta la presión, hace las malestas, coge a los niños y se marcha a casa de sus padres. El banco ejecuta el desahucio y Luis se refugia en casa de sus padres, que también están amenazados. A partir de entonces, Luis comienza a acudir con Paco, su hermano, a asambleas y reuniones, donde se habla sobre desahucios y derechos humanos, comienza a implicarse en la "lucha" y acude a cuantas reuniones puede. Hoy; Luis es un miembro importante dentro de las plataformas, se ayuda a sí mismo, a la vez que trata de ayudar a los demás.

Íbamos por el segundo botellín, y comenzamos a rememorar cómo éramos de niños y no tan niños.
"Es que éramos unos pillos, y unos trastos, pero: recuerdas?. No nos dejábamos pisar por nadie. Cualquiera nos tosía!. Ahora la sociedad está mucho más adormecida. Fíjate en mi situación: desahuciado, y sigo pagando por algo que ya no tengo, para que no le quiten a mis padres lo poco que tienen ellos. Nos están engañando, a todos, lo sabemos, y la mayoría miramos para otro  lado, es increíble!". Me fijé en la impotencia de su mirada y la rabia contenida, que se percibía en sus palabras.
"Es cierto, no sé que necesitamos que nos hagan, para que la respuesta sea masiva y paremos este expolio". - le contesté -

"Mira - hizo una pausa, mientras asiente para sí mismo - la gente está en sus cosas  - se muerde los labios y ladea ligeramente la cabeza, como haciendo ver que lo que está diciendo  no le gusta, pero es lo que hay -  es lo que puedes deducir de la mayoría de las conversaciones de tu entorno, del mío, o del que sea. El tema de la lucha de clases,  el pelear por nuestros derechos saliendo a la calle, se ve como cosa de obreros, y nadie quiere ser un perdedor, todo el mundo quiere prosperar, y que prosperen sus hijos. Al menos eso es lo que lleva años inculcándonos el capitalismo éste de mierda, consumista a plazos. Quizás, y sólo quizás, cuando la mayoría de la gente, se vea como me he visto y me sigo viendo yo, despertaremos, y veremos claro que nadie nos regaló nada y que hay muchas cosas que cambiar, y que debemos cambiarlas nosotros a base de lucha".

A veces; según el contexto, hay frases que te marcan, depende quién las diga, cómo y en qué momento las dice, para que las consideres lapidarias. Cuando Luis acabó de hablar y volvió a su expresión habitual, yo, me repetí mentalmente, embelesado: "Joder!, la gente está en sus cosas". Se me quedó mirando, preocupado en un principio y medio sonriente me dijo: "pero tío, que no pasa nada, ya sabes, di algo".
Mirando a Emilio detrás de la barra, sólo se me ocurrió decir: "Pon la penúltima, Emilio, que aquí mi colega y yo, hoy, estamos en nuestras cosas".

4 comentarios:

anabel monasterio gar dijo...

Fascinada por tu blog y tu forma de contarlo... me encanta y estas en mi blogoteca...

Desalentado dijo...

Es muy amable, yo encantado. Un saludo.

lucia dijo...

que guapo estás en tuiter jajajajaj
me gusta como escribes

Desalentado dijo...

Lucía; más bien lo que estoy es "mono". Me alegra que le guste mi forma de escribir. Un saludo.